CAZAR POBRES
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"Hoy he presenciado algo que, por su alto simbolismo, me gustaría compartir.
Un coche circulaba por la calle con una paloma, blanca inmaculada, herida encima del maletero. De repente, en una maniobra, la paloma cae al suelo y queda sola e indefensa, a merced del resto de conductores, en medio de la calle. El coche que va detrás frena, amaga con pasar por un lado, por otro, y al final se para por miedo a atropellarla. Otro coche para sin saber que pasa hasta que ve a la paloma, y entonces espera. Llega otro coche por detrás: pita, sigue pitando. “Hay una paloma herida”, le dicen. “Mátala y quítate de ahí”, responde. Al final, un viandante que pasa coge a la paloma y la deja a salvo en la acera…
Esto me ha hecho reflexionar acerca de la fragilidad de la paz hoy en día. Normalmente solemos representarla con una paloma blanca que vuela alto en libertad. ¿No será más bien así? Como una paloma herida, frágil, indefensa, expuesta al peligro, y que se “salvará” o no en función de la sensibilidad de los que la encuentren en su camino…
¿Cuál es nuestra actitud cuando nos encontramos frente a la paz “indefensa”? ¿Nos paramos para no “atropellarla”, gritamos “mátala y quítate de ahí”, o la recogemos y la ponemos a salvo?..."



ACOMPAÑANDO EN EL OLVIDO
"Desde el lago más profundo llega la mirada del que siempre he conocido. En una charla que no escucha intento ganar su confianza y siento como vigila cada uno de mis gestos. Tengo su biografía en mi memoria, cada fecha, dato, momentos en los que compartimos una sonrisa y una lágrima en el pasado… y ahora me trata como un extraño. Al salir de la habitación, lloro, no he podido hablar con… mi padre.
Situaciones como ésta se nos dan a diario a los que estamos más cerca de miradas perdidas, de facciones inexpresivas… y sentimos el honor de ser la primera persona que me pone un desayuno en este lugar, mueve mis piernas o me lleva al baño…
Cada día es un día nuevo para aquellos para los que la vida comienza con cada amanecer, cada rayo de sol es propicio para realizar acciones que nunca había hecho, bueno, claro, sin contar lo que hizo ayer…
Nunca podremos imaginarnos la soledad de una demencia, por muchos logros que alcance la ciencia…
“No conozco a nadie, nunca he estado aquí ni le he visto a usted”. Frases que dejan perplejo a cualquier familia reunida en su propia casa con un familiar demenciadado.
La fragilidad del ser humano queda en evidencia sobre una camilla de botiquín. A veces todos los órganos funcionan bien, pero falla la memoria.
Acompañar en este proceso que marca la pérdida de la facultad que permite recordar quién somos es lo que marca el trabajo de los centros sociosanitarios.
Ganar confianza con cada saludo, sin bajar la guardia con cada pestañeo y seguir ahí cada día ofreciendo la seguridad de una voz cálida y una mano donde agarrarse en una situación difícil… sentir un hombro amigo al lado y alguien que hable del pasado, familia, hijos, trabajo… por si se olvida… o se recuerda algo…
Aquellos que no queremos imaginar y nos da terror que se nos pase por la cabeza, tener un familiar con demencia, quizá un padre o un tío, o un hermano… aquel a quien amamos puede un día olvidarnos sin que nadie se dé cuenta de por qué surgió esta situación. Y lo peor de todo: no saber el progreso ni el final.
Tantas veces la impotencia y la ignorancia ganan la batalla al corazón de la familia al que sólo le queda acompañar a una persona que lo ha significado todo para ella.
Quizá algunos, lo mejor que podemos hacer es acompañar."